Los II Diálogos de Cooperación del COM Cádiz analizan la actividad coordinada en terreno y las aptitudes para ser voluntario

Los II Diálogos para la Cooperación, organizados por la Sección de Cooperación del Colegio de Médicos de Cádiz bajo el título ‘Ser cooperante hoy’, acogieron la experiencia del Dr. José Luis Gil Salú un neurocirujano que emprendió en Madagascar su labor como cooperante con la Asociación Andaluza de Cooperación Sanitaria (AACS).

 

Foto: ponente diálogos cooperación Cádiz“Si quieres ir rápido camina solo, si quieres llegar lejos ve acompañado”. El Dr. José Luis Gil Salú optó por la segunda parte de este proverbio africano para incorporarse esta Asociación.

 

En el año 2012 y el Dr. Gil Salú eligió esta fórmula de cooperación en grupo porque le ofrecía desarrollar la neurocirugía en un entorno adecuado. Acudió a Farafangana donde sobre todo se solucionaban problemas de hidrocefalia en niños. “Allí encontraba parte del trabajo ya hecho a través de un personal en formación, la intervención de las Hermanas de la Caridad, una disponibilidad de medios diagnósticos. Prestábamos ayuda mediante los mismos sistemas de derivación que aplicábamos en nuestro medio, lo que resolvía gran parte de los problemas pero nos generaba la inquietud de la supervisión continua que requería este tipo de intervenciones. Nos preguntábamos qué pasaría con esos niños en nuestra ausencia”. 

Esta labor de la AACS en Farafangana había comenzado en 2010. Cuatro años más tarde José Luis Gil se integraba en otro equipo que empezaba a hacer intervenciones neuroquirúrgicas en el hospital de Zanzíbar. Se inicia por entonces la construcción de un edificio con planta diferenciada de consultas, hospitalización y área quirúrgica. Nuevas técnicas y la implicación de nuevos neurocirujanos junto a la incorporación de una programación intensiva han permitido llevar a día de hoy una actividad sanitaria por la que circulan especialistas cooperantes de distintos puntos de España y con una dotación de personal sanitario autóctono. Una actividad que permanece y que bien puede servir para explicar esa forma de cooperación en equipo coordinada y altamente resolutiva.
 
Tomando como punto de partida el lema de estos II Diálogos, el Dr. Daniel María Lubián, ginecólogo cooperante también en Farafangana, explicó qué es a su juicio y qué no es ser voluntario. “No es, o no debe ser, una vía de escape a una frustración en origen, aunque el voluntario debe aprender a prevenirla cuando acuda a terreno; además de tener voluntad, debe formarse, ir a aprender y saber qué va a hacer en destino - algo que no encajará necesariamente con su visión romántica de la cooperación-, participar en los preparativos, quitarse la mochila sociocultural y ser parte del equipo, integrarse y convivir…”, enumeró.
 
Adaptarse al lugar, prevenir el choque cultural o evitar el “buenismo”, que “se puede practicar aquí o desde aquí”, como señaló Daniel Lubián, quien añadió el riesgo real para el cooperante comprometido en campañas de larga duración de perder su entorno seguro.
 
A la cuestión sobre qué conocimientos teóricos y prácticos son más útiles al cooperante, el Dr. Lubián ofreció como pautas prioritarias las de saber mucha clínica y conocer las principales patologías en destino, a las que se unen el conocimiento de idiomas y una buena capacidad docente para formar a un personal escaso y en muchos casos también escasamente cualificado.
 
Durante el coloquio posterior se suscitó un animado debate entre ponentes y público participante en torno a la amplitud del concepto de cooperación, la rotación de especialistas autóctonos en hospitales de nuestro entorno o la extensión de todas las especialidades médicas y de profesiones sanitarias y no sanitarias a la vía de la cooperación que, de cara al futuro, requiere de nuevas generaciones que tomen el relevo de las que en su día emprendieron proyectos que reclaman continuidad en el tiempo.