Alrededor de 70.000 adolescentes mueren al año en países empobrecidos por causas relacionadas con el embarazo y el parto

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FOTO: Cada año, más de 7 millones de niñas menores
de 18 años dan a luz en países empobrecidos)

En todo el mundo, es más probable que una niña quede embarazada en circunstancias de exclusión social, pobreza, marginalización y desigualdad de género, donde no puede gozar o ejercer plenamente sus derechos humanos básicos, o donde el acceso a la atención médica, escolarización, información, servicios y oportunidades económicas es limitado.
 
La igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Si se facilita a las mujeres y niñas igualdad en el acceso a la educación, atención médica, un trabajo representación en los procesos de adopción de decisiones políticas y económicas, según la ONU, no solo beneficiará sus vidas, sino a las sociedades y a la humanidad en su conjunto, algo que es considerado un Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU: “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”.
 
La Fundación para la Cooperación Internacional de la OMC (FCOMCI) se suma hoy a la celebración del Día Internacional de la Niña, en consonancia con el lema de la ONU, destacando la importancia de defender los derechos de las niñas, la plena igualdad de condiciones en cuanto a acceso de servicios de salud o educación y resaltando la labor del colectivo médico cooperante en su lucha de lidiar esas desigualdades y garantizar atención sanitaria eficaz en el embarazo, parto y en los niñas en los países empobrecidos.
 
La Fundación alerta que si se lograra prevenir el embarazo en la adolescencia, posibilitando el acceso a la información y los servicios y eliminando el matrimonio precoz, se reduciría el riesgo de morbilidad atinente al embarazo en este grupo sumamente vulnerable.
 
Cada año millones de niñas son forzadas a casarse, forzadas a renunciar su derecho a la educación, a la atención sanitaria y a su bienestar y desarrollo físico y emocional. Forzadas a abandonar su infancia, forzadas a dejar de ser niñas. Para finales de esta década se calcula que 142 millones de niñas habrán sido obligadas a casarse, según la ONG Save de Children.
 
El matrimonio forzoso expone a las niñas a la violencia y el abuso sexual. Las consecuencias en su educación y en su salud son impactantes: en algunos países, las complicaciones en el embarazo y en el parto son la principal causa de mortalidad de las adolescentes de entre 15 y 19 años, según expone esta ONG.
 
Alrededor del 19 por ciento de las jóvenes en países empobrecidos se quedan embarazadas antes de los 18 años de edad, lo que supone 7,3 millones de niñas, según un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas. De los cuales dos millones son partos de niñas menores de 15 años.
 
Alrededor de 70.000 adolescentes en países empobrecidos mueren por año por causas relacionadas con el embarazo y el parto. El embarazo y el parto son unas de las principales causas de muerte de adolescentes mayores en países en desarrollo.
 
Matrimonios y embarazos prematuros, conllevan la aparición de la Fístula obstétrica 
 
En muchos casos con motivo de ser madres antes de que se cuerpo esté preparado muchas niñas sufren fístula obstétrica, una de las lesiones más graves y trágicas que pueden ocurrir durante el parto. Se trata de un orificio entre el canal del parto y la vejiga o recto causado por la prolongación u obstrucción de un parto sin recibir tratamiento. A consecuencia de esta lesión, la mujer no tiene control de la orina, las heces o ambas, y con el paso del tiempo deriva en afecciones médicas crónicas. Las mujeres que la sufren suelen padecer depresión, aislamiento social y una profunda pobreza.
 
El Fondo de Población de la ONU estima que dos millones de mujeres en África Subsahariana, Asia, la región árabe, América Latina y el Caribe viven con esta lesión, y que cada año se producen entre 50 000 y 100 000 casos más. A pesar de estos datos, la fístula se puede prevenir prácticamente en su totalidad. Su persistencia es un indicio de que los sistemas de salud no satisfacen las necesidades esenciales de la mujer.
 
Mutilación genital femenina
 
Otro de los problemas a los que se enfrentan las niñas actualmente es la mutilación genital femenina (MGF), una práctica que implica la alteración o lesión de los genitales femeninos por motivos no médicos y que internacionalmente es reconocida como una violación de los derechos humanos. Según el Fondo de Población de Naciones Unidas, más de 140 millones de niñas y mujeres han sido víctimas de algún tipo de MGF y, de consolidarse la tendencia actual, para el año 2030, alrededor de 86 millones de niñas más serán sometidas a esa práctica.
 
Para promover la erradicación de la MGF, es necesario realizar esfuerzos coordinados y sistemáticos en los que participen las comunidades en su conjunto, y que estén centrados en los derechos humanos y la igualdad de género. Esos esfuerzos deben incidir en el diálogo en la sociedad y el empoderamiento de las comunidades de modo que puedan actuar de forma colectiva para poner fin a esa práctica. Asimismo, deben abordar las necesidades de salud sexual y reproductiva de las mujeres y niñas que sufren sus consecuencias.
 
La FCOMCI garantiza derecho a la salud en todo el mundo
 
La Fundación y los Colegios de Médicos de España a través de su participación en programas o iniciativas de cooperación para el desarrollo, salud en emergencias y/o ayuda humanitaria defienden la protección de la salud y la mejora de las condiciones de vida de la población de los países empobrecidos.
 
Para ello, desarrolla campañas de educación en salud para la población beneficiaria y los agentes de salud locales. También trabaja por el fortalecimiento de los sistemas públicos de salud y mejora de la asistencia sanitaria.  
 
Está embarcada en proyectos de construcción y/o habilitación de centros de salud, mejora de infraestructuras y dotación de material e instrumental médico y en la capacitación y formación de profesionales de la salud local.
 
La fundación resalta además la importante labor del colectivo médico cooperante que presta atención sanitaria desde el embarazo sano al parto y hasta a los niños en los países en desarrollo y que trabaja por reducir la mortalidad entre los menores.