La voz del mal de chagas, la enfermedad de América

El Mundo - Madrid, 9 oct. 2017

Más información: http://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2017/10/09/599f11d8468aebaa1d8b4593.html

La agente de salud Brigitte Jordan relata el drama de los afectados de una enfermedad causada por un parásito y que puede ser mortal

  • Afecta al corazón de forma irreversible en un 20-40% de los casos
  • El Chagas debería descartarse en los latinoamericanos que viven en España

 

Foto: Brigitte Jordan

FOTO: Brigitte Jordan de la Fundacion Mundo Sano. OLMO CALVO

 

Brigitte Jordan (Santa Cruz, Bolivia, 1984) hace 8 años que se libró de un parásito que pudo haber pasado a sus hijas. Lo contrajo de su madre, en la que tampoco queda ni rastro de una enfermedad potencialmente mortal, propia del continente americano y poco conocida en el nuestro: el mal de chagas.

En las zonas rurales de países como Ecuador, Bolivia, Colombia, Argentina, Perú o Brasil, un insecto portador de un parásito vive escondido, durante el día, en las grietas de las casas de adobe. Por la noche abandona su escondrijo para alimentarse de sangre mientras sus habitantes duermen.

"La vinchuca se te posa. Te introduce el pico con sus dos mandíbulas, que se incrustan mientras busca una vena. Su saliva te adormece. Tú no lo notas. Después de la picadura te rascas y el parásito entra". Así relata Jordan la forma de adquirir el chagas, por la mordedura de una chinche que en Latinoamérica conocen como vinchuca y que en España aunque existe, no trasmite esta dolencia.

"Las personas que han vivido en esos lugares no recuerdan la picadura en sí. Recuerdan al bicho, apagar la luz y no sentir nada. Al encenderla de nuevo las veían esconderse", cuenta Jordan.

El mismísimo Darwin describe en El viaje del Beagle cómo fue "atacado" por este insecto. Pero no todas las chinches de estos lugares portan el microorganismo que causa la enfermedad de chagas, el protozoo Trypanosoma cruzi, por lo que quizás Darwin nunca se infectó.

El patógeno, alargado y algo mayor que los glóbulos rojos de la sangre, una vez en el torrente sanguíneo, viaja sin ocasionar ningún daño. Así puede pasar de una madre embarazada a sus hijos o por una transfusión de sangre contaminada a otro paciente.

Asintomático durante mucho tiempo, hasta 20 años, el mal de chagas puede ser mortal cuando ataca al corazón. De ahí el grave peligro de adquirirlo de manera silenciosa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo hay 7 millones de personas infectadas, de las que sólo el 1% lo sabe.

Foto: ujer leyendo folleto Chagas

FOTO: Una mujer se informa sobre el chagas durante un cribado en Madrid. OLMO CALVO

 

Muchas personas nunca han oido hablar de chagas "o piensan que se da sólo en el campo. Algunos no creen que puedan tenerlo porque ya llevan mucho tiempo en España", afirma Jordan.

El desconocimiento, el estigma, la negación o la resignación a padecer el chagas hace que quienes lo contraen no busquen un diagnóstico ni un tratamiento, lo que agrava el problema. "Hay quien sospecha tenerlo y evita hablar de ello. Al que tiene un familiar enfermo o fallecido por esta causa, esa información le bloquea", destaca Jordan. "A veces no se admite padecerlo por estar relacionado con algo que viene de las zonas rurales de Latinoamérica".

Aunque endémico en zonas rurales de 21 países de Latinoamérica, Canadá y Estados Unidos, los infectados lo han trasladado a las ciudades. Además, la emigración lo ha llevado a 17 países europeos, a Japón y a Australia, donde no se desarrolla todo el ciclo del parásito, pero los inmigrantes portadores pueden transmitirlo a sus hijos.

España es el segundo país receptor de inmigración latinoamericana, de la cual, hasta 70.000 personas tienen el microorganismo, según la OMS. De ellos, el 80% de los bolivianos que sospechan haberse infectado en algún momento de sus vidas, da positivo en el diagnóstico. En Europa, uno de cada 25 latinoamericanos porta el parásito, de los cuales el 95% lo desconoce.

Mientras no presentan síntomas, estas personas viven con normalidad. El chagas no da la cara hasta que el patógeno se aloja en el corazón y lo engrosa de forma irreversible, lo que ocurre en el 20-40% de los casos. Para entonces es tarde, ya existe un daño cardíaco o la muerte sobreviene de forma súbita.

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