Los problemas de salud que tuvo el mundo en 2017


El País - Bogotá, 27 de diciembre de 2017

 

Hay avances esperanzadores pero la OMS advierte de algunos indicadores sanitarios preocupantes

La salud global tuvo a principios de este siglo un cúmulo de avances sin precedentes. Impulsada por los Objetivos de Desarrollo del Milenio, tanto las muertes por varias de las más temibles enfermedades infecciosas como el hambre y la pobreza extrema se redujeron de forma muy significativa en los tres primeros lustros. En 2015 comenzaron unas nuevas metas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una agenda hasta 2030 que pretende continuar con esas mejoras. En los primeros años, sin embargo, los progresos son mucho más tímidos.

 

Foto: Lesbia Guillén, médico de atención primaria de Majupepentic

Lesbia Guillén, médico de atención primaria de Majupepentic (Chiapas, México), atiende a una paciente en su consulta.
PABLO LINDE

 

Este 2017 que ahora termina ha dejado un estancamiento en varios de estos indicadores que, de no cambiar, hacen difícil llegar a las metas que están planteadas para dentro de 12 años. Y la victoria de Donald Trump, con recortes en las partidas de cooperación internacional, deja una terrible incertidumbre. Para seguir avanzando hace falta dinero, y Estados Unidos es el mayor donante del mundo.

Por primera vez, la Fundación Bill y Melinda Gates ha publicado este año el informe Goalkeepers, en el que hace balance de todo lo conseguido y proyecciones para el futuro. Concluye que si el esfuerzo no continúa, si los países no siguen aumentando sus partidas para luchar contra los grandes males de este planeta, de aquí a 2030 se desandará parte del camino recorrido.

 

 

No se puede decir que 2017 haya sido un buen año en cuanto a la salud global, pero entre las noticias preocupantes, ha habido otras muy esperanzadoras. Estos son algunos de los hitos —positivos y negativos— que ha dejado el año.

Las paradojas del sarampión y las vacunas

La humanidad sabe cómo erradicar una enfermedad de la faz de la tierra: la viruela no existe gracias a las vacunas. La poliomielitis va por el mismo camino. Y, con estas mismas herramientas, se puede conseguir también acabar con el sarampión, una enfermedad que en la mayoría de los casos es leve, pero que en las ocasiones en las que se complica puede convertirse en mortal. Esto produjo 90.000 muertes en el año 2016 (último del que hay datos), la mayoría de niños menores de cinco años, aunque gracias a las inmunizaciones son un 84% menos que en 2000.

En los países en desarrollo los esfuerzos están haciendo que los casos se reduzcan drásticamente. En 2017 se erradicó de Bután y Maldivas. En Nigeria e India, dos de los países con mayor prevalencia, este año se hicieron campañas masivas que llevaron las vacunas a millones de niños. Mientras esto ocurre, en los países ricos los movimientos antivacunas se expanden sembrando un miedo infundado y haciendo que muchos padres decidan no vacunar. Por su culpa, las tasas de inmunización están cayendo por debajo del 95% en algunos países, lo que provoca que la enfermedad esté resurgiendo, incluso cobrándose vidas por una enfermedad totalmente prevenible.

Primeros pasos hacia una cobertura sanitaria universal

Este año se ha producido un cambio en la dirección de la Organización Mundial de la Salud. Su nuevo líder, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, tiene una prioridad clara durante su mandato: alcanzar la cobertura sanitaria universal. En el mes de diciembre la comunidad internacional ha firmado en Tokio una hoja de ruta para llegar a este objetivo de aquí a 2030, aunque el camino no será fácil: hoy, 400 millones de personas carecen, al menos, de uno de los servicios esenciales sanitarios. “Tenemos la convicción de que la cobertura universal es un derecho humano, no un privilegio. Es un escándalo que una familia tenga que elegir entre comprar comida o medicinas. Es un escándalo que una madre pierda a su hijo porque carece de una asistencia básica lo suficientemente cerca. No podemos aceptar un mundo así”, dijo el pasado septiembre el director de la OMS en la sede de la ONU.

 

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