Temporada alta de enfermedades importadas

Chagas, malaria y estrongiloidiasis son las dolencias que más frecuentemente llegan a España desde otros países. El congreso nacional de enfermedades infecciosas aborda cómo atajarlas.

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IÑAKI MAKAZAGA

Al mismo ritmo que viaja una postal, lo hacen también bacterias, virus y parásitos a través de los viajeros, cooperantes y población migrante que se infectan con ellas al caminar por territorios tropicales. El Congreso Nacional de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas y Microbiología médica (SEIMC), celebrado en Bilbao el pasado mes de mayo, ha servido para repasar los protocolos de actuación ante las enfermedades importadas, aquellas que aparecen en lugares donde ya estaban erradicadas o eran poco frecuentes. En su mayoría, también son conocidas como enfermedades olvidadas porque carecen de un medicamento efectivo para su curación y de las inversiones necesarias para conseguirlo, pese afectar a millones de personas en el mundo.

Las derivadas por Chagas, malaria o estrongiloides forman parte ya del día a día de las consultas europeas, además de infecciones por virus como el ébola, zika, dengue o chikungunya, que requieren de planes específicos en continua revisión según la fuerza de sus brotes y la rapidez de su propagación por el mundo durante la temporada alta de infecciones. “Eso sí, todas plantean un reto en occidente y la clave está en caminar un paso por delante de todas ellas y exigir su lucha global”, asegura José Miguel Rubio del Centro Nacional de Microbiología con sede en el Instituto de Salud Carlos III. Para Rubio, el congreso celebrado en Bilbao tenía tanto valor por los encuentros informales como por las conferencias. “Necesitamos vernos las caras después de pasar todo un año comentándonos casos concretos”. Y en los meses siguientes, llegará de nuevo la temporada alta de consultas ante posibles nuevos casos.

Chagas, la mayoría lo porta , pero no lo sabe

La enfermedad de Chagas es endémica en la mayoría de países de América Latina, con más de seis millones de personas afectadas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y más de 25 millones con el riesgo de infectarse. Se contrae por la picadura de insectos conocidos como vinchuca en Bolivia, Argentina y Chile; chinche besucona en México o barbeiro en Brasil. Otras maneras de transmisión son la congénita, la transfusión sanguínea, el trasplante de órganos o por vía oral a través del consumo de alimentos contaminados.

Genera la muerte anual de más de 12.000 personas en el mundo y en España se registran en torno a 400 casos nuevos al año. “El mayor reto es diagnosticarla a tiempo ante el elevado número de portadores que lo desconocen”, continua Rubio. Los dos fármacos con los que se trata pasan por benznidazol y nifurtimox. El tratamiento medio dura 60 días y se administra entre dos o tres dosis diarias. Sin embargo, en el mundo tan solo un 1% tiene acceso a ellos.

Todos los pacientes bajo sospecha deben consultar con su médico o con el centro de referencia de enfermedades tropicales de cada comunidad autónoma 

En España, es la enfermedad importada más extendida. Entre 48.000 y 87.000 personas la portan, según un reciente estudio de IS Global, con una gran mayoría todavía sin diagnosticar. “Lo que también convierte al Estado en uno de los países que más la investiga”, señala Rubio. Pasados los años de sufrirla puede generar cardiopatías y enfermedades graves de corazón. “Hasta llegar al extremo de requerir un trasplante o generar la muerte”. El perfil más extendido de pacientes en España es el de personas de la región sudamericana, en especial de Bolivia, que portan la infección crónica. Son personas migrantes que la han podido transmitir a sus hijos de forma vertical durante el embarazo. “Por eso, el screening o cribado debería ser casi obligatorio a la población boliviana al proceder de una zona endémica. Y muchas organizaciones ya lo promueven por su cuenta. Una vez diagnosticado, se trata y se da seguimiento sin problemas”.

Malaria, bajo control con profilaxis

La malaria es la segunda enfermedad que más preocupa. “Es fácil de tratar y con un buen diagnóstico se cura sin problemas”. Toda su lucha se centra sobre todo en la prevención: los viajeros a las zonas endémicas del planeta deben solicitar la información médica y seguir los tratamientos profilácticos definidos. “El 90% no corre riesgo. Todo aquel que no completa la medicación ni acude al centro de salud es el que más peligros asume”. Lo mismo que las personas migrantes que vuelven a ponerse en riesgo al viajar a sus países de origen. Ellos también deben seguir las condiciones de prevención, como acudir a Unidades de Vacunación Internacional y consultar su caso.

Al año, la malaria afecta a 212 millones de personas y se cobra más de 400.000 vidas en todo el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El 80% de los fallecidos procede de África. En España, donde fue endémica hasta 1964, se diagnostican entre 400 y 600 casos anualmente. La población migrante que viaja a sus países de origen, en un 95% a África, supone la gran mayoría de casos en el país. Sobre todo, aquellos que han perdido su inmunidad por llevar varios años fuera de su lugar de origen.

Es transmitida por la picadura del mosquito del género Anopheles. El periodo de incubación varía y puede oscilar de tres a seis semanas. Es una enfermedad potencialmente grave y cualquier paciente puede presentar signos y síntomas de gravedad en un momento determinado. Todavía hoy es endémica en un centenar de países. “Su diagnóstico es siempre urgente y requiere la derivación a un centro hospitalario”, remarcan desde el Centro Nacional Microbiología.

La prevención pasa también por protegerse del zancudo a través de mosquiteras tratadas con insecticidas; la medicación con profilaxis que disminuya la probabilidad de enfermar una vez sufrida la picadura, y la reacción rápida ante cualquier síntoma de fiebre pasados los seis días de estancia en uno de sus países endémicos.

Estrongiloides, larvas en el intestino

La enfermedad producida por Strongyloides stercoralis, un parásito que habita en zonas húmedas, también preocupa. “No tanto por su gravedad como por las limitaciones que suponen para realizar una vida normal. En especial, durante el viaje”. Además, pueden producir una hiperinfestación grave si no son tratadas con la medicación específica. La OMS calcula que son entre 20 y 100 millones de personas infectadas en el mundo, con especial vulnerabilidad en la infancia.

Se trata de una enfermedad producida por larvas infestantes que se encuentran en el suelo contaminado y se contagia al contacto con ellas a través de la piel. “La mayoría de las larvas se eliminan con las heces, pero algunas invaden la mucosa del colon inferior o la piel perianal, dando lugar a una autoinfección que intensifica y perpetúa la colonización intestinal”.

Su precaución pasa por medidas higiénicas, no caminar descalzo y una rápida atención médica ante los primeros síntomas como dolor abdominal o diarrea.

Revisión de protocolos a golpe de virus

Y por último, están los virus que cada año plantean un reto nuevo. Hace dos veranos, el zika hizo saltar todas las alarmas, sobre todo por las microcefalias que provocaba en los embarazos al afectar al sistema nervioso central de los bebés en desarrollo. También preocupan el dengue y chikungunya. Y ya están reactivados los protocolos contra el ébola tras el brote actual en la República Democrática de Congo, que ya se ha cobrado la vida de 21 personas entre los 56 contagios confirmados, según informa Médicos sin Fronteras (MSF) desde el terreno.

El zika hace dos años golpeó con fuerza Sudamérica. “Los casos que hubo en España fueron extraordinarios. No así, en países como Brasil o Colombia donde todavía más de dos millones de personas conviven con el riesgo de contagio”, señalan desde centro de vigilancia en España. La atención principal se centró en 2016 en las mujeres en edad fértil y embarazadas. Llegando al extremo de algunos países, como El Salvador y Brasil, de no recomendar embarazarse en los siguientes 12 meses del brote.

El nuevo brote de ébola en la República Democrática de Congo ya ha servido para que los diferentes hospitales de referencia en toda España actualicen sus protocolos y estén alerta revisando la caducidad de los medicamentos en stock y así como las zonas previstas para el asilamiento de posibles pacientes. “Se va un paso por delante. Muchos de los casos que ahora se tratan, son contagios no detectados y que se manifiestan de formas diferentes”. Lo importante es que la respuesta diaria esté lista.

Las bacterias que provocan enfermedades locales, como la tuberculosis, o ajenas a España, como el cólera, también atraen la atención de los expertos en medicina tropical durante estas fechas por posibles nuevos contagios. “Ahora mismo Yemen está bajo vigilancia especial después de sufrir un brote hasta marzo de este año con más de un millón de casos”.

Todos los pacientes bajo sospecha deben consultar con su médico o con el centro de referencia de enfermedades tropicales que cada comunidad autónoma tiene previsto. El Instituto de Salud Carlos III es el que debe confirmar cualquier patología especial. Todo listo para las vacaciones de miles de españoles que viajarán al extranjero y por tanto inaugurarán una nueva temporada alta de infecciones tropicales, a la vez que se sigue impulsando la investigación y la lucha global a través de la Organización Mundial de la Salud.

CLAVES PARA UNA LUCHA GLOBAL: ESTAR PREPARADOS

En pleno auge mundial de movimientos humanos, solo hay un concepto que ayude a los responsables sanitarios en la lucha global contra las enfermedades: prepardness, estar preparados. Para la doctora Elena Trigo, portavoz de la SEMIC en enfermedades tropicales y medicina del viajero, es clave la actualización continua de conocimiento. “No tanto para saber el nombre de cada enfermedad nueva, sino para saber abordar posibles nuevas amenazas y estar preparadas”. Así ocurre con las enfermedades ligadas a la población más pobre del planeta: aquella que vive en unas condiciones de poca salubridad y con falta de acceso a instrumentos para combatirlas. Cada año estas enfermedades se expanden por el mundo con motivo de los que visitan esas zonas durante sus viajes.

“Hemos ganado en sensibilidad, capacidad de diagnóstico y calidad de la atención. Ahora queda la decisión política de combatirlas también desde el terreno”, remarca consciente de la falta de inversión de la industria farmacéutica en encontrar medicamentos eficaces.

Por eso, considera clave transmitir el impacto que tiene cada enfermedad “sin caer en falsas alarmas”; estar siempre atentos aunque en los países donde se sufre no lleven registros exhaustivos y diseñar actuaciones “sencillas y eficaces”. Por eso, exige el compromiso político para acabar con todas ellas y el mediático para pedir precaución y sensibilidad. “Los países con recursos sanitarios tenemos la obligación de trabajar bien y apoyar al máximo la investigación por aquellos países que no se lo pueden permitir”.